Atrás
Leo una entrevista en la que Pascal Comelade viene a comentar que los nuevos aficionados a la música no tienen una colección de discos, en el sentido físico de la palabra, sino canciones comprimidas en nuevos formatos y archivadas en aparatos como el ipod o en sus ordenadores.
Reflexiono y pienso que es verdad y que a mí ese cambio -esa revolución, si lo preferís- me ha cogido con el paso cambiado, pero sigo reflexionando y concluyo que tampoco tengo ganas de adaptarme. Me quedo atrás y me da igual, por así decirlo. Yo no concibo una colección de discos que no sea 'física', que ocupe un espacio, que se pueda almacenar en estanterías, a poder ser clasificada por estilos, o por orden alfabético, o como sea pero que yo vea allí los discos, con sus portadas -originales o pirateadas, que ese no es el tema ahora-, los nombres de sus canciones y ese tipo de cosas a las que estoy acostumbrado. No hablo con nostalgia, no digo yo que el prescindir de esa colección 'física' esté mal, ojo; sólo constato eso: que me quedo atrás y que me da igual.

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