Zona Reservada para la divagación

viernes, febrero 11, 2005

Las "pedrás", es lo que tienen




Cap. I

El laberinto se cierra poco a poco e irremediablemente alrededor de mis neuronas. El día no se puede decir que haya amenecido de forma favorable para mi existencia. Ya en la ducha, mientras se abrían los poros de mi cara recien afeitada con la última marca de maquinllas existentes en el mercado, he sentido un olor especial en el agua que derramaba la alcachofa de la ducha con una potencia no del todo adecuada para estimular mi espalda. Maldita sea ese olor, ahora lo recuerdo es el mismo que destilaba aquella estatua del Retiro. O quizás fuese el musgo que la cubría; o más bien el abono, echado en el jardin, alrededor de la estatua, por el Jardinero del Ayuntamiento tal y como rezaba el escudo que adornaba su mono. Suena el teléfono, me dispongo a descolgar, me siento cada vez más hundido sobre mis propios pies conforme avanzo hacia el teléfono. Antes, me he levantado del suelo. Me gusta tirarme en el suelo, sobre todo porque es la mejor posición para observar, cómo si al relentí se tratase, mi caminar sobre el espacio formado por tres ejes: la estantería de los componentes musicales, el piso de tarima flotante, y la estantería de componetes visuales; o así, al menos, lo he visualizado desde mi proyección astral de última generación comprada en el Astral Trip Snack Bar del barrio. El cielo está precioso desde aquí, ahora mismo. Sexto tono del telefono. Por fin, alcanzo el aparato. Descuelgo. Es ella. Me excito, directamente; como antaño. Su presencia casi ultrasónica y la mía se unen componiendo un orgiástico ruido blanco atenuado por las bajas frecuencias a modo de mantra; catalizador iniciático para adentrarse en un agujero negro, en el laberinto.
Segundos, una eternidad, reververados hasta el infinito.
- "Quiero unirme a ti; ahora" -no hay duda, es ella.
- "Sabes que esta no es la línea adecuada", le contesto, lacónico; como ella.
- "Quiero probarlo, contigo; la primera vez, no podría intentarlo con otra persona", al fin y al cabo la idea original fue mía, pensé para mis adentros antes de espetarle.
- "Anda, cuelga, no funcionará; como siempre".
- "No, no pienso colgar, solo te pido que confies en mi; la última vez, si falla ..." -no la dejé terminar la frase. "Si falla, desapareces de mi vida para siempre".
- "Eso es, si no funciona te prometo que no me volverás a ver". Hasta pude escuchar, al asentir con la cabeza, el balanceo de su pelo.
- "Está bien, cuelga y llamame en cinco minutos, voy a prepararlo todo" . La fría y atonal melodía de desconexión irrumpió en mis tímpanos como los timbales de la quinta de Mahler. También cuelgo, aun más al ralentí; desde el suelo me veo, en cierta medida, reflexivo.


Autor: Tinín